miércoles, 26 de febrero de 2014

Cuando las jefas de la moda no eran ni jóvenes ni guapas…

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Diana Vreeland (1903-1989), es posibiblemente la editora de moda más relevante de la historia de la moda, y asesora del Instituto del Vestido del Metropolitan Museum de Nueva York.
No era particularmente bella. Huesuda, de pestañas kilométricas y “aspecto autoritario”, parecía –según Truman Capote– “un pájaro exótico fuera de la selva, con perfil de tucán”.
Para el autor de A Sangre Fría, Diana Vreeland era una “encarnación de ‘ese no sé qué’ que aman los franceses.
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Amante del color rojo, que no sólo llevó siempre en los labios y en las uñas, sino que también imprimió en las paredes de sus oficinas, era famosa por su temperamento: obligaba a sus asistentes a usar bisutería ruidosa y llamativa, para que ella supiera siempre que andaban cerca. Conocidas fueron también sus manías: todos los días, por ejemplo, almorzaba un sándwich con mantequilla de maní y un vaso de whisky
Diana Vreeland fue, por encima de todo, una estimuladora de imaginaciones ajenas, forjada bajo la idea, que me entusiasma, de que «uno puede tener fantasía incluso cuando no se tiene nada más».
La Vreeland es quien acunaba este tipo de frases:
Siempre bebo una copa de "champagne" antes de tomar una decisión seria. O incluso antes de ir al dentista

Una biografía obligada de Diana Vreeland debe indicar que fue editora de moda en Harper’s Bazaar entre 1939 y 1962, y editora en jefe de Vogue EE.UU entre 1963 y 1971. Además, debería destacar que catapultó a la fama a modelos como Twiggy, Veruschka y Penelope Tree; Que apadrinó a Andy Warhol, y que de paso, descubrió a Eddie Sedgwick, la gran musa del artista pop. Y que, a propósito, influyó en el nacimiento del PopArt
Todo este manifiesto en pos de lo artificioso y lo fantástico le costó la violenta salida de Vogue a inicios de los 70. Porque ningún empresario del mundo editorial iba a tolerar más excentricidades de esta mujer que exigía pisos enteros en los hoteles más caros de Paris a la hora de viajar a conocer las colecciones, que disponía de un chofer a toda hora a su servicio y que no escatimaba en gastos fotográficos a la hora de las producciones de moda de su revista

Y quien en los años 30 publicaba una columna en el HARPERS BAZAAR TITULADA “WHY DONT YOU?”.
Aquí tenéis algunos consejos, para un día de lo más sofisticado y fabuloso :

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Por qué no pones mermelada de frambuesa en tu té helado?»
¿Por qué no lavas el pelo de tu hijo con champagne?
«¿Por qué no pintas un mapa del mundo en la habitación de tus hijos para que no crezcan con un punto de vista provinciano?»
¿Por qué no forras el cabecero de tu cama de seda amarilla para que vuelen mariposas en él?,
"La elegancia real está en la mente. Si la tienes, el resto viene solo",
¿Por qué no llevar mitones violetas con todo tu ropero?,

Un besazo

1 comentario:

Stefy Q dijo...

Por artículos como este sigo tu blog, siempre me descubres algo nuevo de este mundo que nos ha unido y del que aun tengo tanto que aprender.